miércoles, 7 de mayo de 2008

calma

Ha sido un día tranquilo. Lo único destacable es que hoy, por fin, la editorial para la que trabajo traduciendo textos me ha ascendido de categoría y ya no tendré que ocuparme de libros de cocina (el último fue una verdadera pesadilla) ni pasquines insulsos, de esos que se venden en los puestos de periódicos y que nadie lee, porque lo único interesante de ellos son las escenas sexuales, tan explícitas que cualquier texto sale sobrando.

De ahora en adelante (me han asegurado) recibiré encargos más serios, aunque también serán más extensos. Me pagarán mejor, pero la diferencia no es tan significativa. Lo mejor de todo es que, debido a las dificultades del material que estaré traduciendo, los plazos de entrega serán un poco más generosos. Para empezar, me han ofrecido la traducción de un libro de psicología. Tiene unas cuatrocientas cincuenta páginas y habla de los sueños. Lo acepté, por supuesto, y comenzaré la semana entrante. Tal vez así aprenda algo sobre mí, aunque no me hago muchas ilusiones: Dicen que es mucho más fácil conocer a los demás que a uno mismo.

Mientras tanto, sigo quebrándome la cabeza con un pequeño folleto turístico de un destino en Birmania que no conoceré jamás