domingo, 6 de junio de 2010

La Guerra de los Mundos

Por alguna razón, había olvidado completamente que tenía esta maravillosa novela entre mis libros y me he llevado una maravillosa sorpresa hojeándola, recorriéndola lentamente, no como en la primera vez que la leí, allá en mi lejana adolescencia, cuando la habré terminado en una tarde.

No cabe duda de que se lee diferente de acuerdo a la edad que se tenga. Ahora soy más reflexivo, menos impaciente, mucho más meticuloso que cuando el tiempo me parecía no me alcanzaría para nada.

He pasado dos días en la cama, sin comer, apenas bebiendo un sorbo de whisky de vez en cuando Mis reservas se terminan rápidamente), sin bañarme, sin encender sino la luz de la mesilla de noche, sin bañarme, sin atender al teléfono o a quienes tocan a la puerta, leyendo el maravilloso libro de Wells y tomando notas como loco, releyendo capítulos enteros… ¿Cómo no me di cuenta? ¿Cómo no entendí el mensaje la primera vez que me acerqué a esta obra maestra, a este muestra de genio inigualable, a esta profético documento?

Y si me atrevo a llamarlo profético no es porque la admiración hacia la prosa del inglés obstruya mis sentidos. Todo lo contrario: Los hace más agudos, más intensos. Ahora veo lo que el escritor quiso decir no solo en este libro, sino en La Máquina del Tiempo. Ambos libros deben leerse como uno solo. Al parecer no tienen nada qué ver pero tras un análisis minucioso resulta que se continúan, se complementan, forman un cuerpo unido de conocimientos que han pasado inadvertidos durante siglos.

Me ha llevado algo de tiempo pero he trazado los esquemas que conectan ambas historias en una libreta cuyas hojas he debido pegar a la pared para tener una visión más amplia de las cosas. Todo parece tan claro ahora que lo veo de esta manera que me pregunto si alguien más lo habrá descubierto… estoy seguro que así ha sido y mi siguiente tarea será buscar en la red referencias al respecto, que debe haberlas a montones.

¡Qué ciego he sido!