martes, 27 de julio de 2010

Mi nueva vida

Tras cobrar el premio y asegurarme de que mis asuntos financieros quedaban en orden (aquello fue tremendamente difícil para mí, ya que soy pésimo en estas cosas), tuve que pensar muy seriamente en lo que iba a hacer y resolví lo obvio: Haría como si nada hubiese sucedido y seguiría con mi vida anterior. No tenía ganas (aún) de echarle el guante a todo aquél dinero pues, de alguna manera, sentía como si lo hubiese hurtado, como si no fuera mío, como si se lo hubiera quitado a una viejecita en la calle.

No soy una persona ambiciosa ni tenía ganas de comprar un apartamento más grande. Vivía cómodamente y me di cuenta que en realidad disfrutaba mi trabajo, aunque ahora podría editar mis libros sin el menor problema y no andar penando entre las editoriales para ver quién publicaría mi siguiente novela. Bueno, no es que tuviese dificultad con esto, pero me gustaba mucho la idea de pensar que de ahora en adelante no dependía de esos magros adelantos para vivir.

Le dije a Armando que continuaría haciendo traducciones para él, pero que el volumen se reduciría bastante, que necesitaba tiempo para dedicárselo a mi siguiente libro (falso) pero que intentaría cumplir con los plazos.

Visto desde afuera, mi estilo de vida no se había modificado en lo más mínimo. Dentro de mí las cosas eran muy distintas. Ya no estaba atado a nada ni a nadie y podía aspirar (cuando hubiera digerido mi nueva realidad) a una verdadera independencia. Muchos sueñan con lujos, con intoxicarse hasta la muerte o con viajar hasta olvidar dónde han nacido, pero yo estaba satisfecho con mi vida, y más ahora, que no tenía que preocuparme por el precio de las cosas en el supermercado, pero sólo eso.

Además, tenía el presentimiento de que aquello no duraría mucho.