jueves, 5 de agosto de 2010

El verdadero Abbi II

El cuerpo de Abbi era una cosa informe, apenas mayor que un perro mediano parado de manos. Los órganos internos (o eso parecían) quedaban expuestos, móviles y fluctuantes bajo la piel transparente, gelatinosa, de aspecto sutilmente lechoso. Los músculos, si los había, debían ser del mismo color, y no tenía una cabeza como tal, pero sí un par de manchas parduzcas que debían ser los ojos, una especie de trompa mucho más corta la de un elefante y dos extremidades romas que cambiaban continuamente de forma y que correspondían a las manos.

Parecía una gran amiba.

Lo más desagradable, como sucede cuando se ve una amiba bajo el microscopio, era que todo el cuerpo de Abbi parecía estar cambiando constantemente de forma, lanzando pseudópodos y oscilando como si hubiese una tenue marea en su interior. Había un órgano muy cerca del extremo superior que parecía latir, aunque lo hacía de la manera en la que se mueve un intestino, y detrás de los ojos podía verse una zona densa, constituida por miles y miles de filamentos que despedían un leve destello anaranjado y que tenían ramificaciones hacia el resto de aquél cuerpo que, aunque carecía de pies, se desplazaba como si los tuviese, lanzando pseudópodos hacia el frente y retrayendo los que había en la parte posterior, de una forma más o menos semejante a la manera en que camina una oruga.

Decidí que esa masa filamentosa detrás de las manchas de los ojos debía ser el cerebro, o su equivalente.

La trompa, sutil y ágil, se movió como su fuese una boca con labios en su extremo más distal:

-Sabía que no te gustaría –rió Abbi, contrayendo una de las manchas oscuras en un acto que me pareció indistinguible de un guiño-. Me está dando frío; ¿puedo volver a vestirme?

Asentí con la cabeza y, como por arte de magia, las ropas y la piel de Abbi ascendieron hasta cubrirlo por completo. Hubo dos o tres espasmos mientras todo encajaba en su lugar y sonrió, mostrándome de nuevo esos dientes imposiblemente blancos.

Ahora estoy legalmente loco, pensé.